Entradas del autor Fernando Pajares

Certezas

Friday, August 15th, 2008

Elevado a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, con varios sietemiles rodeándote y cerca de las fronteras de Tayikistán y China, tienes un segundo para pensar cómo has llegado hasta aquí. Y no te refieres a cada vez que la palanca de cambios ha rascado la primera marcha y el acelerador ha sacado a empujones una bocanada de gasolina al motor del coche por las interminables cuestas que ahora tienes debajo.

Piensas en el último mes. En esas cuatro semanas que han pasado casi sin darte cuenta al mismo tiempo que la partida, allá por los medios largos de Julio, parece una vida atrás. Días de toda índole en los que ha primado la incertidumbre. La esperanza se alimenta de ignorancia y aquí la única certeza ha sido el siguiente metro avanzado y la duda, si el siguiente sería el último. No han sido pocas las ocasiones que por ello hemos temido, en la abultada - y sospechamos que inacabada- lista de desdichas mecánicas sufridas. Hasta ahora, se han ido solventando con tiempo, suerte y dinero. Rumbo Norte, Mongolia. Geográficamente, sólo hay que ir cuesta abajo. La ausencia de carreteras y la abundancia de obstáculos naturales, mantendrán la incertidumbre hasta el final. Si hay zanahoria, el burro siempre anda. Y ahora mismo está ahí, rozando la punta de la nariz.

Pejiguerías

Friday, August 15th, 2008

Cuando uno se va de viaje en circunstancias como las actuales, dando bocados a deshoras, teniendo por usual lecho el suelo o el asiento del coche y aliviando los intestinos sin poder ponerle puertas al campo -literalmente-, se suele rebajar el nivel de exigencia. Vacunas de varias clases me llevan poseyendo un mes por lo que se pueden escatimar miedos al entorno cuando manjares ofrece.

Aunque siempre hay alguien a quien le puedas parecer un pejigueritas, no me tengo por un adalid de la pulcritud y las manías. Más bien al contrario, suelo preferir lo austero. No creo que sea el único con esa, digamos virtud, entre los que hacemos la ruta, más de otra forma es imposible estar un par de jornadas sin acabar vomitando o inconsciente. Viene a colación el manifiesto tras varios días de intenso calor en los que el camino obligaba a dormir a la intemperie, el polvo se abrazaba al sudor del cuerpo y la ropa había mutado en otro color, cuando tras varias horas adentrados en la noche, conseguimos alojamiento en Karakol, Kirguizistán. El escenario, seguramente invitaba a entrar en el baño con traje de astronauta. Sin embargo, pocas veces una ducha ha sido tan reparadora, una vez eliminados los prejuicios higiénicos.

Instantes

Friday, August 15th, 2008

Cuando tu vida depende de estar vendiendo melones y sandías en un puesto junto a la carretera, cada giro de cuello es un anhelo. Aunque cada visitante es una venta casi segura por tratarse del postre diario, el componente básico de alguna dieta o el súbito capricho veraniego, la competencia habita en el siguiente metro cuadrado rebañando indecisos. Todas las horas del día, durante todos los días de la temporada. Un minuto de ausencia puede suponer un cliente al limbo. Y con él, las monedas que se ganan una a una entre humo de coches y polvo del camino. Una cama que no deja de estar caliente las 24 horas en las que hay un vendedor que llegó por primera vez cuando su mano ni siquiera alcanzaba el somier. De madrugada, entornando los ojos a cada fogonazo de luz. De día, regateando rayos de sol entre el ramaje de un árbol. De segundo a segundo, esperando ese instante en el que alguien se decide por tu puesto.

Posteridad

Friday, August 15th, 2008

Pasa un día. Y otro. Y otro más. Y uno que llega empujando con otro que se alarga hasta desesperar. Sol, lluvia, viento y siempre la misma carretera delante. Así, todos los días de una vida que pasa detrás de un ganado. El silencio de la tarde sólo es interrupido por intermitentes rugidos que lanzan los coches que pasan de vez en cuando. Uno de ellos frena, se apea un individuo con aspecto raro. Tu vida le queda ajena y seguramente nunca habría reparado en ella, pero acabas de pasar de ser una mancha en la cuneta a despertarle repentino interés. O eso parece, porque te apunta con una cámara de fotos. Si vas a pasar a su posteridad, hay que hacerlo con la mejor sonrisa.

De pequeñas y grandes cosas

Friday, August 8th, 2008

La grandiosidad no se mide. Es un instante efímero que de un sólo golpe te hace menguar a su vera. Sin importar la disciplina en la que acontezca, inalcanzable e inverosímil nos puede parecer un libro, una construcción, un gol. Sin embargo, hay otras cosas, que en su insignificante majestuosidad radica su grandeza. Tesoros que esconden su valor de la primera mirada para ganarse la fama pellizco a pellico en el corazón del curioso. La mayoría ha escuchado hablar de Samarkanda, a la que puede llegar a rendir su nombre cualquier cafetería de barrio periférico español y de la que sus dueños lo mismo ni ubican en un mapa. Muchos menos han escuchado el nombre de Khiva. Como hemos acordado no medir la grandiosidad, no tenemos por qué compararlas, salvo en tamaño, que tampoco es necesario porque la segunda perfectamente podría ser una pedanía de la primera. Sin embargo, cada esquina, pared de adobe, azulejo labrado o impoluto centímetro dentro de la muralla de Khiva, se hace hueco a cada giro de cuello y clic de la cámara. Los rayos de sol se reparten las calles con las sombras en una batalla que va ganando cada bando a lo largo del día. Cuando concluye la estancia, que siempre piensas que debería alargarse, sales con la idea de que lo que veas en breve poco te puede sorprender. Para la grandiosidad, la memoria es una noria selectiva que no para de mover sus cestos, alterando el orden.

Hablan de Samarkanda unos y otros. Dicen que es una ciudad al uso. Occidentalizada y urbana. En la que las Mil y una noches ya sólo ilustran páginas de folletos de agencias de viajes, Sherezade usa gafas de sol y bebe Coca Cola, los comerciantes, tahures y emires ahora van en todoterreno, y que del pasado sólo queda una plaza con tres puertas y sus minaretes. Son las 6 de la mañana y el sol ya despunta. Callejeas por avenidas asfaltadas con taxis a gran velocidad y los primeros sonidos de vendedores van ocupando sitio en las aceras. Te plantas frente a la plaza cuando aún no pasea nadie y eres el primero en subir al minarete desde el que ver la ciudad desperezándose. Vuelves a pensar que la grandiosidad no se puede medir. Volverá a ser efímera, pero todavía queda un rato.

Desierto

Thursday, August 7th, 2008

Un inmenso vacío rellenado por arena. Una inmensa cantidad de nada. Vegetación enterrada hasta su cuello. Tres metros de alquitrán formando una interminable recta mordida a cada lado por desierto. Cae la tarde pero el termómetro se resiste con ahínco. Cuarenta grados que pesan más que el resto de equipaje. Death Proof y MATLIM nos ofrecen su compañía, pero nosotros lastramos el convoy. Agradecemos el gesto y cortamos la invisible cuerda que nos une, levantando el pie del acelerador. Vemos evaporarse en el horizonte las luces de los compañeros. Oscurece y la luna, creciente como el camino, abre la barra, a la que somos los dos únicos invitados de la noche. De un trago me bebería el congojo que emana del interior del borrico, que cada jornada despierta con una nueva herida. Pero esta copa, no. Esta copa va por el millón de estrellas que nos alumbran entre Khiva y Bukhara y por el millón de veces que imaginé estar donde ahora mismo estoy, de la única forma que se me ocurrió hace casi un año. Los siguientes tragos irán a tu salud, imaginando tus ojos mirando el mismo cielo y la misma luna, quizá sorteando andamios.

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Espera

Thursday, July 31st, 2008

Aire caliente que resbala en tu cara hasta fruncir el ceño. Granos de arena invisible que vuelan de un lado a otro provocando en la piel  milimétricos rasguños. Palmeras que se doblan al compás atrompicado del viento. Ininterrumpidas gotas de sudor que compiten por llegar al suelo desde la frente. Un mar Caspio que no brama pero ebulle. Policías que cobran multas sin ponerlas. Pitidos y frenazos surcando el alquitrán que arde. Dinero que se fuga por las rendijas del bolsillo en un goteo constante. Dieta construida con un ojo en el precio y otro en la cantidad. Tabernas con estética inglesa. Ingleses que ya nacieron con tatuajes en los brazos. Marineros y trabajadores del petróleo. Trabajadoras del cariño a plazos. Un hotel que sobrevive al recuerdo soviético. Una sala de espera, en la que se despera entre risas. Una caminata diaria para una noticia que no llega. Perseguir el mismo fantasma de latón cada mañana, viendo el embarcadero vacío.  Una veintena de españoles con la misma desazón. Tiiiiiiiic………….taaaaaac………………tiiiiiiiiic……. el reloj se ha parado en Baku.

Turistas de un vistazo

Sunday, July 27th, 2008

La distancia del recorrido y el interés por lo que no se puede acceder con un billete ‘low cost’, hizo que desde un principio tuviéramos en mente asomarnos a los primeros 4.000 kms desde la ventanilla del coche; lo que da para alguna foto, testimonio de nuestro paso, y ahondar en algún prejuicio respecto a los lugareños. O concretamente, de los lugareños conductores, expendedores de gasolina o dependientes de comida, porque apenas con otros gremios hemos tenido contacto.

Por ello, poco podemos aportar de las costumbres y maneras de la Vieja Europa, más allá de lo que en una guía, un documental o un suplemento dominical se puede aprender. Pecado mortal para muchos será el tener tan cerca monumentos e historia y no indagar en los vericuetos de cada ciudad. Lo dejamos para otra ocasión, por tiempo y compañía, que algunos rincones no son para perderse con alguien que sabe el tiempo que llevas sin ducharte, el color trasero de tu ropa interior y el sonido de tus ronquidos después de comer una lata de sardinas en tomate y pegar la frente al cristal con 45 grados en el interior del coche.

Llego a esta conclusión tachando de la hoja de ruta la visita a Estambul. La falta de kilómetros, de sitio para domir, de euros y sobre todo de conocimiento sobre la fecha de salida del ferry de Baku, obligan a una fugaz mirada a las luces de Costantinopla mientras cruzamos el puente sobre el Bósforo, a las 11 de la noche de un sábado, entre frenazos y cláxones.

¿Apenado? En absoluto. La media hora larga de trayecto no es más que el anticipo de una visita más pausada a un sitio que se merece un visitante más entregado. Y sobre todo, que ahora no podríamos contar como acabamos en una ciudad en la que su aspecto jamás nos hubiera hecho parar un segundo de no obligarnos una avería. Entonces, desconoceríamos que en los árboles clavan las esquelas con la foto del fallecido, que hay calles por las que pasean carromatos de caballo sorteados por todoterrenos de última generación, que es más fácil que se intenten expresar en español o portugués que en inglés, que la alta tasa de paro arremolina a los hombres en terrazas, que los adolescentes se apiñan en un cibercafé a jugar en red, que puedes dejarte el coche con la puerta abierta y entornada entre gente nada boyante y al día siguiente todo estará en su sitio, que no conciben un turista por lo que siempre serás un viajero perdido. Y todo esto en la única mirada que hemos tenido hasta ahora para cargar en la mochila algo más que nombres en un mapa.

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Las cabras siempre tiran pa’l monte y Los Borricos pa’ Mongolia

Sunday, July 27th, 2008

Cuando prepárabamos el viaje, teníamos dos temores: el motor y la culata. Si uno de los dos fallaba, adiós a un coche que había ido llenándose de bultos e ilusiones los últimos seis meses. Nuestros desconocimientos de mecánica nos hacían imposible solventar tales trances. Y así nos plantamos en la salida encomendándonos a la suerte… y que el camino dictara sentencia.

A pesar de muchas suspicacias ajenas, teníamos el convencimiento de que a Turquía llegaríamos sin demasiados problemas, y que a partir de ahí empezaba la verdadera ruta. Sin embargo, cuando en Bulgaria un mecánico abrió el motor y una especie de mayonesa anunciaba defunción en la culata, nunca tuvimos sensación de que esto se había terminado. El siguiente intento de arrancar fue en vano porque el coche había dicho basta, milagrosamente en la puerta de un taller y a la vera de las manos de Lazarus; un mecánico tímido y honrado, que a la postre parecía disculparse por el resto de mejoras que le había hecho al coche, y que casi pasó más vergüenza que nosostros al coger los eximios 5 euros que le dimos de propina por devolvernos al camino. De Pazardjik salimos unas horas después que el equipo Death Proof Terra, que tuvo el compañerismo de, enterándose de nuestra desgracia, visitarnos y acompañarnos en un día de charlas y una noche de vodkas.

El resto de sucesos ya son tan sabidos como solucionados: dificultad de explicaciones, caras de impotencia, una factura que por moderada no deja de suponer un bocado imprevisto a nuestro presupuesto y la demora de tiempo que nos obliga ahora a mirar de soslayo Estambul, con la vista puesta en el Ferry de Baku, donde ahora deberíamos estar llegando, en vez de 2.000 kms más atrás.

No obstante, y dadas las circunstancias, nuestra moral rebosa, las ganas no se pueden medir y echando en la balanza de la suerte la porción de mala y buena que hemos tenido en el affaire culata, habiendo salido indemnes de la avería que quizá más temíamos, conducimos hacia Mongolia con la sensación de que si se nos partiera el coche por la mitad, lo pegaríamos con celofán y llegaríamos a Ulan Bator. Camino por delante hay de sobra para apearnos de la nube, pero ahora mismo, Platero se mueve, se mueve….como las palmeras.

Arreando que es gerundio

Wednesday, July 23rd, 2008

Para que un plan lo sea tiene que estar meditado, y aun así, es difícil que se cumpla según lo previsto. A la hora de elegir recorrido para delimitar las escalas del viaje, la noche antes de entregar las solicitudes de visados, pecamos de soberbios yendo a un atlas y decidir el itinerario según las ciudades más grandes. La distancia entre dedo y dedo no nos parecía insalvabable. Lo mismo daba un mapa de Eurasia que un callejero de Alicante. “De aquí a aquí no hay tanto”, decíamos con la suficiencia que nos cabía entre las yemas del pulgar y el índice.

Y nos olvidamos del trayecto hasta la salida.

Una vez arribados a Francia, lo importante era disfrutar del viaje, que la multituda de veces recorrida la A-2 nos impedía no bostezar. Las escenas y recuerdos de la riviera francesa eran motivo de pisar el freno y distraerse contemplando ora un castillo, ora una plaza, ora una tía buena.

En Italia, más retozar entre verdores y carretereras secundarias, de esas que te dejan disfrutar el paisaje si un tercer brazo te ayuda a girar el volante entre tanta curva.

- Oye, tío, ?por dónde teníamos que ir hoy?
- Espera que lo miro. Llegando a Zagreb, Croacia.
- Pero si estamos en Génova
- Tienes hambre?
- No, y tu sueño?
- Un poco, pero estoy bien.
- Perfecto.

Un día después estamos entrando en Sofía, capital de Bulgaria.

Italia

Wednesday, July 23rd, 2008

Granujas y rufianes, pero qué simpáticos. Así es el estereotipo que se subraya de los italianos, y desde luego, el que demuestran desde la ventanilla de su coche. No es cuestión de medir infraestructuras, aunque a un metro del suelo se vislumbran bastante peor las suyas que las del íbero pavimento.

Sorprende ya en la entrada desde Mónaco que la mayoría alumbra sus faros a plena luz del día. Parece ser que es ley, o al menos norma de uso común, pero sin resolver esa duda partimos como con la de cual es la diferencia entre la raya continua y discontinua si por ambas parece ser que se puede adelantar. Si en algún momento determinado hay 3 coches en una vía de doble dirección, no es problema, carril es todo aquel por el que quepa un coche. Así, que tienes dos opciones, o te adaptas haciendo lo mismo (no es aconsejable cuando tu coche sufre para coger los 100 km/h) o habitas la cuneta para dejar espacio central en los adelantamientos. Hay una tercera opción que es apretarse mucho el cinturón de seguridad a las tetillas para no echar el corazón por la boca

Por otro lado, sorprende que en un país exportador de máquinas de conducir de lo más preciosistas, se les haya olvidado añadir a los vehículos las luces de intermitencia, por lo que o eres mentalista o verás ante ti un montón de coches cruzándose indiscriminadamente como los marcianitos cuando eras pequeño. Es una lástima no haberle incorporado el rayo láser a Platero.

Las incorporaciones merecerían un estudio aparte aunque se dividen en dos: incorporación súbita por donde menos te lo esperas y tú tranquilo que te esquivo e incorporación en parado por donde menos te lo esperas y yo tranquilo que ya me esquivas. En cualquiera de ellas dos agarra fuerte el volante y mira con gesto de desprecio al autor de la maniobra como si de verdad le importase. El gen competitivo lo llevan tanto en la sangre como en la gasolina. No en vano, llevan empleando desde que los echaban a los leones. A veces piensas que lástima que al abuelo de alguno le tocase la fiera mellada.

Cuando alguno se moleste por cualquier cosa, se pondrá a la par, moverá los brazos diciendo algo que te dará lo mismo después de haber salvado el golpe y te acabará levantando el dedo gordo y dedicándote una gran sonrisa. No querrás, pero involuntariamente le devolverás el saludo y te quedarás pensando que él siempre se llevará a la chica y tú, al menos, no llevas esas gafas de sol de tontolculo.

Si estuvieras en la calle y te acabara de dar un abrazo, ahora mismo no tendrías la cartera en el bolsillo. Confórmate.

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Relativismo

Wednesday, July 23rd, 2008

Decía Einstein cuando le preguntaban por la teoría de la relatividad, que todo es relativo. O eso cuentan. Con la aguja del cuentakilómetros tiritando sobre la marca de 80, las horas de autopista, duran, al menos, 61 minutos. El pie derecho no se levanta ligeramente cuando un cartel señala un radar. El mismo gilipollas que pega su coche al tuyo, cambia su mirada desafiante al adelantarte por un saludo y una sonrisa. La ventanilla bajada no interrumpe el sonido de una radio inxistente. Los camiones dejan de ser un estorbo eventual para acabar aprendiéndote de memoria su matrícula. El calor se sofoca a tragos de agua y remojones en las gasolineras.

Un viaje es el destino o es el camino? Que le pregunten a Einstein.

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Actitud

Tuesday, July 22nd, 2008

Al igual que cuando una amiga te dice que duermas con ella y está segura de que no va a pasar nada, has hecho algo equivocado en tu vida; si un cincuentón deseoso de no parecerlo, se queda en una calle de Mónaco, embobado desde su Ferrari viendo pasar un 127 de colores y luego te saluda con la mano, en algún momento tienes que haber hecho algo bueno. Lo de menos es causar admiración, pues con eso no se come. Lo importante es que ese mismo fulano mandaría a unos matones a cerrarte el paso si entraras en cualquier sitio con la pinta que ahora -y asiduamente- llevamos o marcar el número de la policía sivn aliento en la boca de verte a menos de 500 metros de su casa.

Evidentemente, es un prejucio absurdo porque el canoso conductor lo mismo era cartonero en Niza. Por esa misma razón, nosotros podíamos estar exhibiendo el bólido en La Meca del automovilismo. Y como si  de ello se tratara, lo aparcamos en un stand  de Ferrari donde por una cantidad por la que comemos de aquí a Mongolia, puedes darle a un Fórmula 1 una vuelta por el famoso trazado monegasco. El gerente del chiringo tras ver como se obviaban sus indicaciones de largarse de allí,, asombrado y desconcertado, ante el robo de flashes y sin saber muy bien de qué iba el asunto, en vez de llamar a la policía, realizar aspavientos o lanzar improperios, se limitó a poner su mejor sonrisa, preguntar por el viaje, montarse en Platero y dejar que la gente hiciera fotos. Y nosotros, por supuesto, henchidos de vanidad como nuestro borriquino rampante. Actitud.

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Sofoco

Tuesday, July 22nd, 2008

Es a lo que más temíamos. No en vano, la mayoría de las modificaciones que le hemos hecho al coche han ido encaminadas a que se zafe de cada grado extra del termómetro. Siendo las fechas que son, no contábamos con tener que llevar bufanda, pero tras un día de viaje, no sabemos si alegrarnos por el comportamiento de Platero o preocuparnos por el castigo al que le sometió cada rayo que desplomó sobre él los 40 grados que nos encontramos en Los Monegros.

Mientras nuestra silueta se iba trasladando al respaldo, llegó la hora de la verdad para nuestras pezuñitas de bricoartista. Los tirantes para sujetar el capó y que se deslizara por debajo suyo el aire se sostenían a medida que la temperatura del motor bajaba.
-¡Astro Rey, cede el trono a tu heredero de 43 cv!
Bueno, queda mucho camino por delante y si no estás dispuesto a renunciar, al menos, podemos hacer un pacto de no agresión.

Así, han ido pasando los kilómetros de autovía hasta llegar a las inmediaciones de Barcelona, sin más novedad que buscar un descampado en el que dormir, pues el día comenzó cuando aún era de noche. Y así comienza el, segundo, en el que el día nos alcanzó intentando cerrar la tienda de campaña, que se auncia de apertura en 3 segundos, sin especificar las horas para cerrarla. Al final resultó imposible y decidimos amordazarla con pulpos a la baca con la incertidumbre de si saltará algún pulpo y pareceremos un caracol, ya no sólo por la velocidad.

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¡Hazlo por ellos, papá!

Wednesday, June 25th, 2008

Con su inocente mirada, mi niño me dijo, ¡Papá, no importa que no te veamos este verano, hay otros niños en Mongolia que te necesitan más!, y apretó firmemente su manita.

Todo muy emotivo y sensible. Hay un pero, que no tengo niños y que me los dejó prestados para la foto su padre, a cambio de una lata de cerveza en el bar del merendero.

Egoísta, desgraciado….¡cabronazo! Apelar a la inocencia de unos pequeños para enternecer al resto y tratar de que se apiaden  y aflojen el bolsillo. Bueno, eso hace desde hace tiempo Anne  Geddes, se forra y encima está en los altares de los buenos sentimientos. Yo aún no me he propuesto hacer puzzles y pósters.

Moraleja: Pues no sé si tiene alguna, ni me gustan las moralinas. Así, que cada uno saque la suya, pero a veces es muy delgada la línea entre lo tierno y lo que es pellejo… 

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