Posteridad
Pasa un día. Y otro. Y otro más. Y uno que llega empujando con otro que se alarga hasta desesperar. Sol, lluvia, viento y siempre la misma carretera delante. Así, todos los días de una vida que pasa detrás de un ganado. El silencio de la tarde sólo es interrupido por intermitentes rugidos que lanzan los coches que pasan de vez en cuando. Uno de ellos frena, se apea un individuo con aspecto raro. Tu vida le queda ajena y seguramente nunca habría reparado en ella, pero acabas de pasar de ser una mancha en la cuneta a despertarle repentino interés. O eso parece, porque te apunta con una cámara de fotos. Si vas a pasar a su posteridad, hay que hacerlo con la mejor sonrisa.