Rueda, rueda fortuna
Nunca somos tan feos ni tan guapos como nos dicen; en el Rally Mongol ocurre algo similar: nunca todo está perdido ni ganado, como uno podría pensar en función de los palos o bondades que reciba. El coche va de maravilla y entras en Ulán Bator con botines de charol reflejando tu alegría; aparece un problema mecánico y tiemblas al anticipar el porrón de dólares que habrás de soltar a las autoridades por importar un vehículo que va camino del desguace. En Uzbequistán, en algún punto kilométrico de una interminable recta que cruza el desierto fronterizo con Kazajstán, pensábamos en cuándo cruzaría la vereda un camión que nos echase, literalmente, un cable. Por suerte e insistencia, un segundo tornillo encajó en el buje y el coche nos acercó, a la pata coja, a un pueblo donde los temores desaparecieron de la cabeza a mayor velocidad que los dólares de nuestro bolsillo. Pocas veces, al pagar un servicio, quedaron tan conformes las dos partes. En tres horas, pasamos de hablar acerca de autobuses, trenes y sanciones pecuniarias a imaginar las barbacoas que nos vamos a meter en la estepa mongola. No aprendemos.
August 7th, 2008 at 11:31 am
FELICIDADES JEREMÍAS!!!!
1 beso,
Raquel
August 7th, 2008 at 1:44 pm
Muchas gracias, y muchos que caigan y que esteis para verlo!