Parco Parca y doña Providencia visitan Soria
Espalda encorvada, guadaña al hombro, el parco Parca, exhausto, hizo notar su presencia desde el otro lado de la acequia. Una sonrisa del segador es la última cena del preso presto a probar la inyección; alegría al ver su gesto adusto, algún cuello habría rebanado en maitines. Sabedores de nuestra fortuna, no era nuestro día, optamos por mantener vista fija, cámara en alto y dedos en el objetivo. Las sonrisas están caras en la rural Bulgaria; se hace duro hasta caer, hay dignidad pero no fuerzas para hacerlo con gracia, de ahí que se mantengan en la vertical, con dificultad, años y sacrificio pesan. Turquía, también en la rural, verde, amable y coqueta, se personificó en Santa Trinidad: anciana de chaquetilla, país de contrastes y protectora Providencia encarnadas en mojama repleta de vida y primaveras. Tiempo tuvo de alisar ropas, enderezar postura, para confirmarnos que tenemos el viento a favor. A nuestra vera, cabalgan al asalto valles, vegas, chopos solitarios, boscaque invasor y, en abundancia, cereal, horizontes parcelados, geometría ocre, amarilla, verde. Cinco mil kilómetros para llegar a Soria, minaretes, alabanzas, almohacín aparte.
