Mónaco, visto y no visto

Hay que buscar la diferencia, y una de las más obvias es el poder adquisitivo. Mónaco, al igual que tantos otros soldados embarcados en la cruzada por la dignificación del glamour, no deja de ser una aglomouración de personas con ganas de comer, descomer, sentirse mejores que los demás y similares abluciones del cuerpo y el alma. Lo de siempre. Lo malo del glamour es que sale caro y muy aburrido, para un pobre y paleto. En lo descriptivo, Mónaco es a las ciudades lo que los bonsais a las plantas: se agarra a las rocas con fuerza, crece en el escarpe menos pensado, es un producto de lujo, una miniatura al alza, retorcida y vistosa, de raices visibles, colgantes, tipo ficus, que asemejan gruas que de continuo elevan la gloria del principado, o al revés, ya ni lo sé. Y no genera CO2 en cantidad apreciable, es decir, si alguien lo pisa, no se pierde nada, excepto un efimero, sublime desarrollo de la naturaleza sin el cual su curso no se altera. Unos kilómetros cuadrados libres de impuestos, mano suave con las mafias y tendrás glamour para dar y tomar. Lo dicho, pian, pianito, que Mongolia nos espera.

3 Responses to “Mónaco, visto y no visto”

  1. English Lady Says:

    Hola Victor - muchisima suerte con este Rally. Que flipada. Ya me contaras que os ha parecido Mongolia! tiene que ser parecido al Tibet. Un Saludote.

  2. daniblues Says:

    Muchísima suerte. No olvidéis que hay alguien que piensa en vosotros y Platerillo perdido en algún páramo de Norteamérica mientra emula vuestra aventura del año pasado. Gracias, inspiradores.

  3. Gran Duque de La Pedriza Says:

    Ya no recuerdo si hace unos quince años pasé de camino a Italia por Niza o Mónaco, pero en cualquier caso debe ser lo mismo: un pedo en el mapa para ricos que buscan pagar menos impuestos.

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