Glándulas

A tus treinta, que te pillen dándote una ducha por la cara, y no hablo sólo de restregar jabón en ella, puede sonrojarte. Suele suceder cuando la falta de experiencia en seguir los consejos del angelito se impone a la aburrida razón del pequeño Lucifer, que espanta sus moscas encendiendo bombillas a deshora. Cara roja, y cuerpo limpio. Olor a sándalo, pituitaria disfrutona, conciencia tranquila.

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