Embrague III + Camino a la playita

Toda historia tiene su final, y si es buena, suele ser inesperado. La realidad suele proporcionar buenas historias, nada de finales precocinados. Será por eso que el embrague de Valeo tampoco sirvió y J.A. además de habilitarnos la nave para hacer la operación a corazón abierto, que duró 10 horas, nos presentó al mismísimo Señor Lobo alcalaíno, quien sacó de sus chistera el disco que necesitábamos, cuando ya nadie creía en la resurrección de la carne. Poco después, en mente las pinturas de guerra de Platerillo, enfilamos la A3 con ganas de cambiar el olor de la grasa por el de las olas; pero un radiador malhadado, al que habíamos sentenciado para nuestro regreso, se nos adelantó e impuso su condena de un finde en Madrid, con las manos llenas de grasa otra vez. Sin lamentos, aprovecharemos para cambiar amortiguadores y ruedas. Montones de gracias a Tato y Jose Antonio.

Leave a Reply