Cuando se ha conseguido el objetivo no se suele mirar atrás, pero para nosotros, importan mucho más las formas que el fondo. Para no ahondar en la amargura, el victimismo y el llanto lastimero no nos detendremos en contar la tortura que ha supuesto cruzar Mongolia. El sabado 23 de septiembre, sobre las 11 de la noche, hora local, tras los últimos 100 kms de baches y accidentes, llegabamos a la fiesta de despedida del Rally Mongol, harapientos e irreconocibles bajo la capa de mierda y polvo, hastiados, dentro de una chapa de colores chillones que apenas andaba sobre cuatro ruedas. Tal es así, que murió intentando aparcarlo delante de la oficina de la organización, cuando en la última de sus mil averias, la palanca de cambios dijo basta con la marcha atrás metida, y de ahí no se movió más que para ir al depósito en el que los reparan para donarlos o subastarlos y recaudar dinero para los orfanatos. Un final inmejorable el de Platero, que ójala de tanto a otros como ya nos ha dado a nosotros.
Sin ponerse vendas en heridas pasadas, sólo diremos que desde nuestra entrada en Mongolia, innumerables han sido las veces que hemos creído que se había terminado el viaje para nosotros, sin poder remediarlo, y que muchas veces, la casualidad, el tesón, la desesperación y las ganas de llegar, nos han permitido alcanzar Ulan Bator, aún no sabemos muy bien cómo, y más dudas tendremos con el paso del tiempo. La lista de desgracias ocupa dos folios -que ya pondremos en la sección dificultades- hasta tal punto que una de las veces llamamos a la grua para recoger el coche y abandonar, y al no cogernos el teléfono intentamos seguir sobre las llantas, dejando una como un estrella, y de pronto se solucionó el problema gracias a un camionero mongol. Pinchazos, incendios, tubo de escape arrancado, baca por los aires, ruedas que salen despedidas en marcha, carburadores y filtros de aire llenos de aceite, perdidas continuas de aceite y agua, puentear con dos cables el contacto para poder arrancar, empujones en mitad del desierto en una fría madrugada tras un repentino parón, son ligera muestra de algunos de los problemas que hemos tenido, en una semana que apenas hemos comido y dormido y en las que intentabamos recuperar de noche el tiempo que perdíamos de día en mecánicos rurales, que dado nuestro aspecto y moral, intentaban algun invento casero, mas para poder fenecer lejos de su vista que por esperanzas de que alcanzaramos Ulan Bator.
En Altay, adonde llegamos en un camión que transportaba una excavadora y al que hubo que subir el 127 sin grua ni rampa, encontramos el cementerio de coches españoles que habían sido compañeros de camino durante muchos días de viaje. El primer coche que encontramos fue el Saxo de DEATH PROOF, en una muestra de pena por ellos y alegría por ver algo que nos traía tantos recuerdos. También estaban los coches de TEAMTIN, RIOJA TEAM y SPANISH SIESTA. Nos dio mas moral, si cabía, para intentar continuar. Les arrancamos las pegatinas y se las pegamos a Platero, para que de alguna forma, llegara alguna parte de sus coches a la meta -en el caso del autobianchi de SPANISH, tambien ha llegado su buje, jeje- , si nosotros los conseguiamos . Y así ha sido. Sabemos de sobra lo duro que es llegar al momento en que tienes que abandonar, y homenaje no merecen porque su esfuerzo tiene tanto mérito como los que hemos llegado, simplemente queríamos que de alguna manera se quitaran el regusto amargo viendo las pegatinas de su coches en las fotos de nuestra carrocería en Ulan Bator.
Sin querer enrollarnos mas en lo que pretende ser un resumen de nuestro itinerario mongol, os damos las gracias a todos los que nos habeis animado, seguido, empujado o simplemente interesado, porque tampoco os hemos dejado de tener en mente y sois parte de los motivos por el que hemos seguido cuando ya no nos quedaba ni un paso mas que dar. Lo mismo a Alberto (organizador español) al que acabamos abrazados recién llegados, y que nos recibió con entusiasmo y nos dedicó afecto, siendo los únicos españoles allí presentes. A TODOS, GRACIAS.
Ahora ya, nos damos el homenaje que merecemos, volviendo en el TRANSMONGOLIANO hasta Moscú, mañana martes, en un coche cama, disfrutando del paisaje ruso, que tan bien nos ha tratado en su primer tránsito. De allí, cogeremos un avion a Madrid, en una semana mas o menos.
¡PLATERO HA MUERTO, VIVA PLATERO!